Qué suerte poder decir iré, allí estaré
sin faltar ni un día, ni una hora,
sin fallar nunca.
Un vaivén de bicicleta,
soledad, pero contigo
y tus manos en mi espalda
y tus palabras temerosas en mi oído.
Soledad pero contigo,
aunque me revienten las neuronas
de tanto ser yo
y tanto ocultarlo.
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