
Si me concentro,
si fijo la mirada en un punto de la calle,
puedo volver a la sensaciones de infancia
o viajar de barrio real a barrio ficticio,
recordar el sauce, llorón y con pena,
que crecía entre los sueños
de un bufón que nunca hablaba ni reía.
Y entonces la imagen cambiaba,
y la calle ya no era calle, sino aquella otra cosa
donde todo era burbuja.
Si me despistaba
el hechizo se rompía
y vuelvo a lo que, se supone, me rodea
y las cosas no son como hoy,
hay nuevos matices, pero más extraños
porque todo lo que se recuerda
queda patinando en belleza.
si fijo la mirada en un punto de la calle,
puedo volver a la sensaciones de infancia
o viajar de barrio real a barrio ficticio,
recordar el sauce, llorón y con pena,
que crecía entre los sueños
de un bufón que nunca hablaba ni reía.
Y entonces la imagen cambiaba,
y la calle ya no era calle, sino aquella otra cosa
donde todo era burbuja.
Si me despistaba
el hechizo se rompía
y vuelvo a lo que, se supone, me rodea
y las cosas no son como hoy,
hay nuevos matices, pero más extraños
porque todo lo que se recuerda
queda patinando en belleza.
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