Intimida la verdad.

El suspiro que decide mi olvido y las cosas,
las personas me rozan aquel órgano pensante
que hace que seamos vulnerables a eso,
no me puede entender de la manera que quiero
o aún no me aclara lo que vivo, soy ciego
me hago o no quiero.
Y la mente no funciona cuando queremos que lo haga,
por eso actuamos antes de jugar a ser grandes,
pues inconscientemente me retracto, no yo, mi mente.
Los ojos no los aprovechamos para lo que se nos dio,
solo envidiamos y ensuciamos su ambigua delicadeza,
tal vez mirar no es para lo único que sirven,
te observo y ya conozco algo nuevo que ni con tu boca
me lo has hecho saber, no soy psicópata, tampoco me gustaría.
Junten sus capacidades, dejen de lado sus infantiles quejumbres,
para superar sus putas discapacidades, que no son nada
al lado de la amada utopía de aquellos que no se quejan,
nunca seremos mejores aunque lo intentemos, no estaré a tu lado
aunque me lo pidas, seremos así para toda la vida, no cambiamos
solo nos adaptamos a algo muy surrealista, eso desde un principio
será verdad, que pena no poderlo cambiar, pues solo lo camuflamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario